jueves, 28 de julio de 2011

Jueves 28

Menos días aún, joooo... Hay una cosa que nos encanta y es que ya no necesitamos casi el mapa puesto que lo hemos visto casi todo y ahora ya solo vamos a los sitios que más nos han gustado y sabemos ir sin problemas. Nos sentimos como parisinas en cierto modo andando por sus calles, puentes... También nos encanta lo abierta que está la gente a hacer planes. Todos estamos solos aquí por así decir y todo estamos abiertos a conocer gente nueva y a hacer planes juntos.

Fuimos a ver alguna que otra tienda de recuerdos (queremos llevarnos algo pero aún no sabemos el qué) pero al final acabamos en una librería comprando un libro de gramática de verbos franceses. Tras esto volvimos a ver al guitarrista el cuál ya nos saluda siempre que nos ve. Nos sentamos en la acera de enfrente a escucharle mientras hablábamos, etc. En una de éstas nos vió cantar una de sus canciones a la vez que él y se empezó a reír en medio de su canción mirándonos. Fue muy divertido. La gente se giró a mirar de qué se reía el cantante pero solo nos vieron reir también.  Acabamos cenando con Joseph otra vez y con una amiga americana suya.

Ultimamente todas la snoches al llegar a nuestra isla en el puente que une la isla de Notre Dame con la de St Louis, está un saxofonista tocando con música de piano d efondo la cuál nos hace sentir como si estuviésemos en una película d eWoddy Allen. Siempre ralentizamos nuestro paso al escucharle para disfrutar de la noche parisina con banda sonora.  

Miércoles 27

Un chico de clase de Laura (el mismo con el que fuimos el domingo a tomar una cerveza) nos había invitado a ir hoy a comer a su casa asi que al terminar las clases fuimos los tres para allá. Nos cocinó no se qué (tenía avena, calabacin, champiñones, pimiento, pollo, un poquitín de especias...). Estaba muy rico (echábamos de menos la comida casera) y pasamos un buen rato hablando (practicando nuestro ingles). 

Decidimos ir a tomar el postre a una pastelería que habíamos visto en nuestra querida calle Moufetard en la que en su escaparate había unas tartas que parecían deliciosas(típicas tartas de boda americanas de varios pisos con un glaseado perfecto por fuera). Nos pedimos tres tipos (cada uno una) pero al final, después de probarlas todas cada uno se tomo la que había pedido. Muuuuy rica también. Aunque “inexplicablemente” aún teníamos hambre. Tras mucho pensar y barajar varios planes acabamos en el Jardin des Plantes dando un paseo. Queríamos haber visto el “zoo” que allí se encuentra pero nada... cerrado.

 Y... las 7! Happy Hour en Moufetard! A por un mojito, un Gin Gizz y un Bacardí no se qué. Nos dieron de picar unas cosas verdes con algo marron por encima (creemos que eran pistachos con una masilla picante por encima y decimos creemos porque ambas en cuanto nos lo metimos en la boca con cierta seguridad tras ver la tranquilidad con la que lo tragaba Joseph, tuvimos que escupirlo sin apenas poder (ni querer) saborearlo. Fue una escena divertida).

De allí nos fuimos al puente a ver cantar al guitarrista (de camino fuimos nosotros los que cantábamos canciones e incluso bailábamos un poquito). Mientras le veíamos a Joseph se le ocurrió que podríamos ir a comprar una botella de vino y unas patatas y comerlas mientras le veíamos (e incluso si eso invitarle a participar en nuestro pique-nique improvisado). Cuando volvimos ya no estaba asi que fuimos a por un Falafel al “As del Falafel” en el barrio Le Marais. El primer Falafel que comemos y muuuuuuuuuuuuy rico (en París estamos probando comidas nuevas). Nos lo llevamos al río para acompañarlo con nuestra botella de vino en “Paris plages sur le seine”. Allí pusimos música y bailamos un ratin.

Terminamos la noche (como no) en la plaza de Notre Dame. No habíamos pasado por casa desde las 8 de la mañana que salimos hasta las 11 de la noche. Cargando con los libros todo el día. 

Martes 26

Ay que ya nos vamos dando cuenta de que queda poquito... L Hoy se suponía que iba a llover bastante (milagrosamente solo llovió un poco al final del día, yuju!) Teníamos “hora” para subir a la torre Eiffel sin hacer colas. Al intentar ir para alla nos encontramos con la parada de metro de Saint Michel cerrada por obras... Y era el único recorrido que habíamos mirado antes de salir de casa. No teníamos mapa ni nada y el tiempo corría. Preguntamos en un puesto de información cómo podríamos llegar hasta allá y nos indicaron dónde coger un bus. Fue llegar y besar el santo.

Tardamos casi lo mismo en recorrer medio París que sólo en atravesar la plaza de la Concordia. Al llegar nos fuimos hasta los jardines de Trocadero que se encuentran justo al pasar el puente de la torre Eiffel. (Debe ser mucho más bonito de noche por lo que hemos oído, y de día, la verdad, no son nada especial).

Nos dirigimos a la Torre Eiffel. ¡Que de gente! Subimos al primer piso aprisionados en los ascensores que según hemos leído tienen el mismo mecanismo que cuando fueron construidos (hidráulico creemos). Las vistas desde el segundo piso una maravilla. Aunque te da tiempo  a aprendértelas de memoria entre que avanzas y no. Después otra cola inmensa para subir al último piso (aquello parecía Eurodisney). Las vistas preciosas. Hay una zona cubierta en la que te pone hacia que lado se encuentra cada país y a qué distancia.  

lunes, 25 de julio de 2011

Lunes 25

No había quién nos despertase (incluído en clase) hasta el descanso que cayó un café. A la vuelta pasamos por la Santa Capilla de la Isla de La Cité (Una maravilla. Visita obligada para todo aquel que acabe de una forma u otra en Paris). No hay fotos ni videos que reflejen la preciosidad de sus vidrieras.
Por la tarde volvímos a la zona de los Campos Elíseos a terminar de ver lo que nos quedaba. Vimos el Petit y el Grand Palais, el pont Alexandre y Les Invalides.

Domingo 24

¡¡¡¡Sol!!!! Fuimos a desayunar a un Starbucks tranquilamente y después de camino al metro decidimos pararnos en la playa del sena a tomar el sol un ratin (lo echábamos de menos).



 Tras esto nos pusimos en camino hacia los Campos Elyseos para ver la final del Tour de France. Al llegar allí y tras ver la de tiempo que quedaba para la llegada y la de gente que había decidimos llegarnos hasta el arco del Triunfo para ir ganando tiempo ya que se nos van acumulando los monumentos y disminuyendo los días.
 Cada vez había más gente así que decidimos pensar en algo para poder verlo más o menos bien. Andrea intentó escalar a chisme tipo buzón negro de grande casi como ella. Intento fallido así que tuvimos que hacernos hueco entre la multitud para poder ver algo. Allí estuvimos al sol hora y media avanzando puestos desde la 4ª fila hasta la seguna según la gente se iba rindiendo y desapareciendo. Por fin llegaron. Ninguna de las dos es muy fan de esto y no teníamos mucha idea de cómo iba (tras la primera vuelta al niño de delante Andrea le dijo: “C’est fini”). Pero al ver que la gente no se movía nos quedamos a ver que pasaba. No hacían más que pasar, era siempre lo mismo y además no distinguíamos a ninguno. Nos quedamos hasta la 5ª vueta gritando cada vez que pasaban a quiénes quisiera que fuesen y nos fuimos al metro para evitar las largas colas que se esperaban tras la final.


Tras un breve descanso en la resi nos fuimos, como no, al concierto que era el último día. Nos aburríamos un poco así que decidimos ir a dar una vuelta y a cenar algo. Tras degustar una pizza Calzone au Thon (mmmm...) Volvimos.
 
No sabemos muy bien qué tenía la pizza pero a las dos se nos subió a la cabeza. Estábamos de un animado, que al volver al concierto nos pusimos las dos a bailar. Sustos nos faltaron cuando gente rara se nos acercaba por detrás a hablarnos. Pero no fue suficiente para parar nuestro ritmo. Un chico se nos acercó bailando. Ambas nos reíamos pero nos hacíamos las mudas. “Qu’est que vous parlez?” Y después de decir un sinfín de idiomas y nosotras negáramos con la cabeza, dijo: “Est-ce que je ne suis pas sympa?” El corazón de Andrea se ablandó. Efectivamente era sympa y Andrea empezó a hablar con él. Pero aún así no nos sentíamos del todo “a gusto”. Desapareció y nosotras seguimos bailando. Se acercaron varios chicos (y señores) a intentar bailar/fotografiarse con nosotras, y siempre aparecía este chico italiano a “salvarnos” y decirles que no. Ahí ya se ganó nuestra amistad. Comenzamos a bailar y a hacer el tonto (el robot, etc.) fue muy divertido. A nuestro alrededor la gente comenzó a animarse y aquella parte del concierto parecía la pista de baile. El concierto llegó a su fin (desgraciadamente) pero nosotros nos quedamos allí hablando. Unos chicos que estaban más allá comenzaron a gritar y bailar, haciendo el tonto, canciones de campamento. Eran españoles. Nosotros nos les quedamos mirando y riendo. Nos invitaron a participar y acabamos bailando todos juntos (se unieron más franceses que pasaban por ahí) bailando y cantando
. Eran monitores de Madrid y estaban de interrail. Nos reímos mucho con ellos. Pero tuvimos que dejarles ya que habíamos quedado con un compañero de clase. Nos despedimos y nos fuimos con él a tomarnos una cerveza.
 Fue otra noche muy divertida. Una pena que los conciertos se hayan acabado.

Sábado 23

Día despejado ¿Para qué ponerse las botas de agua?. Destino: Montmartre. Correspondencia con: diluvio universal. Con parada en: Sacre-Coeur- tienda de paraguas- soportal- restaurante- casa. Resumen: tenemos que volver.
En cuanto al Sacre-Coeur no pillamos mucha cola y subimos más o menos rápido por unas escaleras la mar de estrechas y por supuesto de caracol en las que se veía el final. Las vistas desde la cúpula eran impresionantes y más aún las nubes que se iban acercando por absolutamente todos los puntos de un color negro fin del mundo. 
Mientras bajábamos las nubes ya se habían situado encima de nosotros y a la salida nos bañaron enteritas. Entramos corriendo en una tienda de paraguas a comprarnos uno pero no fue suficiente. Tuvimos que resguardarnos en un soportal. Viendo que no tenía pinta de amainar, echamos a correr hacia el primer restaurante con un sitio libre que encontramos. Y de vuelta a casa a cambiarnos.
Como llevamos siendo 3 en este viaje desde el principio (Andrea, Laura y La ley de Murphi), cuando nos cambiamos, salió el sol. Nos aprovisionamos de patatas, sándwiches y bebidas e hicimos un pique-nique en la plaza del hotel de Ville mientras disfrutábamos del concierto. 

Viernes 22

Tras haber dormido poco la noche anterior, lo que iba a ser una siestecilla de 20 minutos se convirtió en una de hora y media. Tras esto decidimos volver a tomarnos un chocolate a la ancienne (el único que no es nesquik que hayamos probado). Al salir de la cafetería, voilá! ¿Quién estaba en un puente que no era el suyo, sino el nuestro? Nuestro guitarrista favorito! Espontáneamente nos salió una sonrisa de oreja a oreja a los tres. Laura no sabemos, pero Andrea levitaba en ese momento. Sentarse enfrente de él a escucharle era una parada obligada antes del concierto. Intercambiamos un ça va y nos quedamos a escuchar ya el trillado repertorio que nos acompaña ya en nuestros paseos (la próxima vez nos vamos a tomar una cerveza e intentar comenzar una conversación en francés y/o ingles ya que creemos que es de Gales). Cuando este terminó seguimos rumbo al concierto. Esperábamos una noche divertida como la anterior, pero no fue así. A nuestro alrededor solo encontrábamos gente extraña (Los de la noche anterior habían dejado el listón alto). 

Jueves 21

¡No llovía! A la vuelta de clase fuimos a coger el metro de vuelta cuando dijeron no sabemos qué por megafonía. Nosotras estábamos a lo nuestro (como siempre) y no nos pusimos a escuchar (muchas veces dicen cosas y no suele ser nada importante). Unos chicos que habíamos visto por los pasillos del centro de estudios se nos acercaron y nos dijeron que acababan de decir que el metro estaba estropeado porque un material había caído a las vías o algo así y que iba a tardar más de la cuenta. Así que nos pusimos a mirar lo que nosotras pensábamos que era un plano de metro hasta que los chicos nos advirtieron de que lo que mirábamos era de buses (bobinas...) y nos dijeron cuál era la parada de metro más cercana para nuestro destino. Ellos también iban para allá así que nos pusimos a hablar de camino. Efectivamente también estudiaban en el mismo sitio que nosotras francés (aunque en un nivel superior) y eran de Inglaterra y Suiza. Nos contaron que se encuentran hospedados en una residencia en la zona universitaria con piscina, pistas de tenis... (ambas nos preguntábamos qué narices hacíamos en la nuestra). Y que allí hay un montón de residencias dispuestas de una forma curiosa. Está el edificio de España, el edificio de Inglaterra, etc. Cada uno de un país al que suele ir gente de esos países. Y no hay muchos turistas (todos huimos de ellos, ya nos sentimos cómo verdaderos franceses). Al final llegamos a nuestra parada de metro y nos separamos.

Hoy tocaba ir a la ópera. Una preciosidad. 


Una lástima que no se pueda ver el lago subterráneo que hay en su interior en el que está inspirado El fantasma de la ópera. De allí nos fuimos a ver la Iglesia de la Madeleine que tiene aspecto de templo griego con un montón de columnas en su exterior. Por fin salía el sol, pudimos quedarnos hasta en manga corta (cosa imposible desde hacía una semana). Terminamos nuestra visita cultural en el Palacio Royal (uno más).

Decidimos ir a una de las mejores pastelerías de París a tomarnos algo pero al llegar nos encontramos una cola impresionante para entrar. A 5 euros el macaron. Nos fuimos con las manos vacías.

Acabamos en el “Hotel de Ville” (el ayuntamiento) que estos días se celebran conciertos al aire libre a partir de las 18.30 hasta las 23.00. En un descanso entre cantante y cantante nos sentamos en el suelo. Al pasar la mirada alrededor de nosotras vimos a un grupo de chicos sentados unos metros más allá. Nuestras miradas se cruzaron y nos sonreímos. Al cabo de 5 minutos nos enseñan un papel en el que ponía “pas de français(e)? :P)” Nosotras no sabíamos a qué se referían exactamente así que pusimos cara de suecas. Nos lanzaron la nota y un boli. Así estuvimos un buen rato, en medio del concierto mandándonos notitas con un grupo de chicos. Estaban haciendo el Inter raíl y eran de Alemania y Austria. Habían llegado ayer y se iban al día siguiente. Después de un buen rato mandándonos notitas y riéndonos nos preguntaron que por qué no íbamos a tomar algo por allí. Uno de ellos se acercó a nosotras y empezamos a hablar.


Una vez presentados oficialmente nos fuimos a un pub irlandes que había por ahí cerca. Nos invitaron a una cerveza y allí nos pasamos hablando y riendo hasta la 1 de la mañana que tuvimos que volver a la residencia. La verdad  es que lo pasamos muy bien. Nos intercambiamos direcciones, y nos dieron de recuerdo una pelota de tenis, una pulsera, y varios tickets de metro de parís “dedicados”. Una pena que se tuviesen que ir. Pasamos un buen rato. Fue un buen día.  

domingo, 24 de julio de 2011

Miercoles 20

Pensábamos ir a ver La Ópera pero nada, cómo todo cierra a las 5... ya no llegábamos. Estos días no sabíamos qué hacer. Estábamos saturadas de arte. Ya no nos sorprendía nada. Laura lo estuvo hablando con un chico canadiense de su clase quien le dijo que él se había comprado un libro en francés e iba por la tarde a leerlo a una terraza, cerca de la mezquita de París, conocida por sus tés. Así que decidimos ir a una librería a comprarnos un libro cada una y llegarnos hasta la mezquita pero por problemas de redes teléfónicas no pudimos ponernos en contacto con este chico. Así que nos compramos un crèpe en “Le petit Grec” en nuestra querida calle Moufettard, a la cual volvimos tras ver la mezquita. Nos tomamos un té y un chocolate caliente (que en realidad era un Nesquik) y leímos y hablamos hasta que nos aburrimos.
Hemos leído que esta calle es conocida por los mercados que montan durante la semana por la mañana y porque era parte de una de las principales rutas entre París y Roma. Su nombre viene de mofeta porque por ella pasaba un río, que ahora se encuentra tapado, al que los tejedores etc. tiraban desechos...

Lunes 18 y Martes 19


La verdad es que estos días no hicimos mucho... hacía bastante frío para ser Julio (unos 14 grados) y llovía un montón. El lunes lo pasamos con bastante salero por así decir, metiéndonos en tiendas (no llovía tampoco demasiado). Pero el martes era imposible. Ya por la mañana a las 8, al ir a clase nos calamos los pies y los pantalones (las zapartillas de tela era lo más abrigadito que nos habíamos traído para el caloraco que nos habían dicho que iba a hacer) así que a la vuelta de clase y empezando a notar el resfriado nos propusimos entrar en un concesionario Mini (fijaos en nuestra desesperación) que estaba cerca para comprarnos unas botas de agua, las cuales se ve que no se llevan mucho en París. Pero nada, cerrado. Dedicamos toda la tarde a recorrer las mismas tiendas que el lunes pero esta vez no pensábamos volver sin unas botas de agua. Al final las conseguimos y nos las llevamos puestas. Nuestro estado anímico cambió automáticamente. De allí nos fuimos a casa a dejar los zapatos mojados y de allí a Notre Dame (fue comprar las botas y empezar a aclarar).
Por el camino nos paramos en un café (en el mismo sitio exactamente en el que una pareja se asustó con el grito ahogado de Laura al verse “atrapada” con su maleta el primer día). Allí nos tomamos un “Chocolat a l’ancienne” (estaba rico aunque no hay nada como el chocolate de España). Disfrutamos de las vistas del lugar y de lo calentito que estaba el chocolate.
Una vez ya en Notre Dame fue curioso cómo no nos asustamos al ver una rata que cruzaba parte de la plaza y sí lo hicimos cuando un perro pasó “demasiado” cerca de nosotras. En fin, cada uno se asusta con lo que quiere...

domingo, 17 de julio de 2011

17 de Julio

Otro día depresivo en París. No entendemos exactamente que de diferente tiene aquí el verano con el otoño o invierno... No es posible que un 17 de Julio haga 18 grados y esté lloviendo todo el día. (cuando el día anterior fue igual o peor). Cada mañana últimamente salimos a la calle con 4 capas incluidas chaquetas y/o jerseys y un chubasquero y paraguas. ¿Esto es verano? Y lo más gracioso es que están montando una playa artificial con piscina a la orilla del sena... Nosotras nos preguntamos exactamente para qué, ya que hemos visto que el tiempo para la semana siguiente es igual... (Esta es una de las veces que deseas que la gente del tiempo se equivoque). Y nosotras sin ropa adecuada, en fin...






Llovía así que no nos apetecía nada ir a ver parques, ni dar largos paseos... además nuestra actividad últimamente favorita (ver artistas callejeros) se nos estaba chafando con este mal tiempo. Decidimos ir de compras cerca de la residencia. Según llegamos a la calle de las tiendas a Laura se le antojó un café al ver un Starbucks. Al entrar, las dos decidimos desayunar allí con unas tortitas. Era una imagen navideña totalmente...
Con el estómago lleno nos pusimos a andar calle arriba con todas las tiendas cerradas (claro, es domingo, diréis. Pero es que recordábamos haber visto tiendas abiertas otros fines de semana). Hacía muuuuuuuucho viento y no teníamos guía (volver a la residencia a por ella significaba subir y bajar cinco pisos. Descartado). Andando andando... llegamos al centro Pompidu. Habíamos estado allí otro día aunque no nos había dado tiempo a ver el museo.

Se trata de un edificio la mar de curioso (curioso hemos dicho, no bonito). Parece que está aún en construcción y se asemeja un poco a un barco. Tiene enormes tuberías por todos lados de colores y en su fachada unos tubos de plástico que suben hasta el techo y por los que hay escaleras mecánicas que te llevan a las galerías del museo de arte contemporáneo y moderno.
En su planta baja en estos momentos hay una maquina enorme de fotos. Ahora me entenderéis. Se trata de un tubo cuadrado enorme en el que te metes, te sacan una foto de cuello para arriba y cae al suelo desde lo alto  en tamaño poster y en blanco y negro. En la fotografía apareces con un puntito negro en la frente. Tenía mucho éxito (nos llevó toda la mañana hacer la cola). Pero aprovechamos a escribir postales que habíamos comprado en la tienda del museo. Al lado había unos fotomatones (también gratuitos) en los que te podías hacer fotos en blanco y negro de un tamaño entre cartera y cuartilla. Lo encontramos gracias al guardia de la salida que al vernos con las manos vacías nos indicó lo que pasaba en la planta baja. Aún no sabemos que vamos a hacer con nuestros posters y nuestras maletas.

Decidimos adentrarnos en el museo (también gratuito para los jóvenes residentes en la UE). Subimos por las escaleras mecánicas exteriores a las que hicimos referencia anteriormente. Unas vistas preciosas, un ruido horrible (se supone que era música ambiental. Era ruido), y cuando salía el sol un calor agobiante. Llegamos al museo. Nunca entenderemos el arte contemporáneo, ni por qué no nos dedicamos a él. (Mamá, si estas leyendo esto coge todo lo que nos sobra en casa y mándamelo, creo que se lo puedo vender por unas millonadas). Viendo el museo ves cosas que entiendes que estén ahí porque tienen mucho trabajo, pero ves otras que piensas: soy todo un artista, y no lo sabía. Cosas que yo tiraría a la basura acompañado de un “que horror” aquí la gente lo llama arte. Es una especie de reciclaje cutre al que atribuyes el primer sentido que se te ocurre (y a veces ni eso). Me gustaría ver la situación en la que el artista le intenta encasquetar al museo un ratón de ordenador (tal cual) o un cuadro en blanco totalmente. Eso sí, las vistas desde allí de la ciudad, preciosas. Tiene además una terraza en lo alto muy “cool” en la que merece la pena estar.

 En el exterior del museo hay una fuente con diferentes figuras y muchos colores.



Al salir salió el sol y decidimos sentarnos allí, enfrente del museo a disfrutar de los escasos rayos que nos llegaban.

Cara de "centro Pompidu"
 A la vuelta pudimos ver que muchas de las tiendas abren a partir de la 1 del mediodía los domingos (no estábamos tan desencaminadas) pero nada, ninguna interesante. 

16 de Julio

Sábado. Lluvia. Poco duró el buen tiempo. Decidimos ir a ver algo que estuviera cerca de la residencia. El Panthéon, por ejemplo.
Pues nada, paraguas en mano para allá fuimos. Otro sitio que era gratis para jóvenes europeos. Así da gusto!

No estuvo mal. Vimos las tumbas de los Curie, Dumas, Victor Hugo, Voltaire....y el péndulo de Foulcaut, por el que se descubrió la rotación de la Tierra.
Al salir.... madre qué frio! Con estufas en las terrazas!!! De verdad! Esto no es normal a mediados de Julio! Echamos de menos España!!! Nuestro sol!!!
Por la tarde, después de comer, hacer la compra y descansar, fuimos a despedirnos de la heladería Berthillon, que se va de vacaciones y ya no la volvemos a pillar abierta. Nos sentamos en una mesa muy cuca para dos, y nos tomamos, Laura, un helado de chocolate y vainilla, con nata montada, sirope de chocolate y merengues por encima (una copa la mar de bonita que no tardó en destrozar) y Andrea una french toast con pera y helado de caramelo. Mmmmmm, riquíiiismo!

15 de Julio de 2011


Por fin un día que hacía bueno en París! Sol!!!
Poco que contar, porque quedamos con un familiar por la tarde y estuvimos hablando con ella durante toda la tarde. 

Nos invitó a cenar en japonés: nuestra primera vez. Jamás nos habíamos enfrentado antes a los palillos. Que ganas de complicarse la vida comiendo. Y si no, que se lo digan a Laura, porque el camarero, viendo su dominio, vino a darle un cursillo. Hizo lo que pudo, pero acabó trayéndole un tenedor y un juego nuevo de palillos para que practicara en casa. Diremos a favor de Laura que mejoró ligeramente su técnica y no usó el tenedor.
Otro momento estelar de la tarde fue el de Andrea Monroe pasando con vestido por encima de una rejilla de ventilación del metro. Efectivamente, pasó lo mismo que en la famosa escena de Marilyn, pero sin que le dierra tiempo a sujetarse el vestido. Sí, había público detrás.
 Nos lo pasamos muy bien muy bien, la verdad. Nos dio pena despedirnos de ella.
Cuando lo hicimos, a la vuelta a la residencia, nos paramos en el Pont d’Arcole a deleitarnos visual y auditivamente con chico de muy buen ver, que cantaba y tocaba la guitarra muy requetebién. Había dos bancos frente a él. Uno con chicos, y otro con chicas (en el que estábamos nosotras, claro) Era muy gracioso porque los chicos que pasaban entre el cantante y sus fans femeninas, miraban hacia los dos lados, como diciendo:  “¿en serio estáis mirando a este?” A lo que nosotras, mentalmente, contestábamos “No has tenido tu un banco de chicas mirándote fijamente en la vida, así que APARTA!”
Encima, la puesta de sol y la salida de la luna no pudo ser más bonita. La luna naranja...Así que un final de día genial. Puesta de sol con banda sonora. De peli, la verdad.

viernes, 15 de julio de 2011

14 de Julio

Esta entrada está dedicada a nuestros padres. Hasta ahora no nos habíamos dado cuenta de lo insoportables que podían llegar a ser las visitas a Disneylandia. Gracias.
La noche anterior decidimos cambiar la fiesta Nacional por el parque de atracciones. La verdad es que lo recordábamos mucho más grande (debe ser que éramos mucho más bajitos) y con muchas más cosas interesantes.
Gracias a las colas, La hora escasa que nos podía haber llevado ver el parque a nuestra manera, nos llevó todo el día, pero eso sí, tampoco nos faltó más tiempo. No podíamos explicarnos cómo hace años, pasábamos 5 vdías dentro de ese parque. Acabamos un poco hartas. Tanto de las colas, como de las atracciones (más que hartas, mareadas) como de la gente joven (y no tan joven) del parque. Pero es que en Disney es dónde comienzan los sueños y dónde se acaba el espacio íntimo. Si no nos empujaron 20 veces en las colas, se pegaron a nosotros como lapas otras 50 veces no lo hicieron ninguna. Aparte de la gente que se intenta colar descaradamente. En fin, nos hicieron sentir mayores.  



Por la noche, a las 11, fuimos a un puente a ver los feus d’artifice (feus de narices). Apagaron la torre Eiffel y al menos desde donde los veíamos nosotras no eran nada del otro mundo. 

12 de Julio

La mañana fue como todas, en clase.
Por la tarde decidimos ir al museo de Orsay, después de haber planeado ir a ver Montmartre, pero como amenazaba lluvia... cambiamos el plan. Mal hecho. Qué calor. Un día desperdiciado para llevar pantalón corto. Una pena. Dormimos poca siesta, y a las 4 ya estábamos en la calle, rumbo al museo, que en la guía y un folleto cogido en la oficina de turismo pone que cierra a las 6. Mira que en muchos avisan que media hora antes, se cierran las taquillas, pero aquí no ponía nada. Llegamos a las 5. Buf, de sobra! Con la puerta en las narices...pero literal, eh? Que volviéramos al día siguiente.
Ya se nos acumulaban dos decepciones: tarde de sol desperdiciada para enmorecernos y museo cerrado después de una hora andando. De verdad, cómo se puede cerrar un museo a las 5? A LAS 5!!
No acabaron ahí nuestras desdichas. A Andrea se le antojó una crepe mientras estábamos pensando qué hacer. Se decide, va a por él, y....en un abrir y cerrar de ojos, puesto cerrado! *¿Cómo era posible? Hacía un minuto ahí estaban despachando! Claro, en algún momento tendrían que cerrar, pero no a las 17.15! Por favor! Suma y sigue!
Pues aún hay otra! Después de mucho pensar, decidimos ir a los jardines de Luxemburgo, en metro, porque ya estábamos cansadas y un poco choof... Aquí el metro no se caracteriza por tener muy buenas conexiones ni varias alternativas para ir de un punto a otro. De hecho parece que está hecho a mala leche para tener que dar una vuelta a París para llegar a tu destino. Bueno, pues anduvimos hasta la boca de metro y...Obreros en la entrada arreglándola! Imposible pasar. Pues nada, a pata hasta los jardincillos. Teníamos ya los ánimos que nos apetecía más bien nada ver un parque. Bueno, ni hacer nada en realidad.
Pero bueno, la tarde se arregló al ver lo bonito que resultó ser nuestro destino. Qué de flores! Qué de colores! Qué zonas más tranquilas! Así que atravesamos el parque con la correspondiente sesión fotográfica.

Terminamos la tarde en una crepería, cenando, y volviendo prontito a casa, andando también, cantando Café Quijano por la calle. Un hombre con el que nos cruzamos, se puso a canturrear con nosotras. Obviamente no cantaba lo que mismo, pero quiso acompañarnos.

11 de Julio

Nuestra excursión diaria nos llevó esta vez a visitar el barrio de le Marais, y la Bastilla. Después de mirar en la guía las zonas que nos podían interesar, comenzamos nuestro recorrido.  Queríamos ir al museo Picasso, pero cuando llegamos allí nos lo encontramos cerrado, hasta la primavera de 2013, así que... íbamos a tardar menos de lo previsto en nuestro tour.
Probamos suerte yendo a la place des Vosges, que es como un parque cuadrado, rodeado de casas todas iguales, de ladrillo y piedra y que son muy chulas.
Después pusimos rumbo a la plaza de la Bastilla propiamente dicha, y como recomienda la guía, intentamos imaginarnos la situación que se había dado allí hacía... puf! la tira de años!
Vimos también la Gare du Est, con un reloj enorme y muy bonito.
A la hora de la cena habíamos quedado con un amigo de Andrea que también estaba en París en ese momento, visitando a una amiga.
Durante la media hora que estuvimos esperando a que aparecieran, nos dio tiempo a ayudar como buenamente pudimos a dos turistas diferentes a encontrar sus respectivos destinos. Uno no se fio mucho de nosotras y delante de nuestras narices volvió a preguntar. Pero debió recibir una respuesta por lo menos parecida, porque se metió al metro como le habíamos indicado con muy buen criterio al parecer jejeje.
También nos dio tiempo a asustarnos a la par, cuando un chico se agachó a nuestros pies a recoger lo que luego vimos que era un billete de metro que se le había volado. Madre que risa. Nosotras, que estábamos cada una atendiendo a nuestro móvil, al darnos cuenta de que alguien se agachaba hacia nuestros pies, los retiramos a la vez, asustadas, suponemos que ante la estupefacción del chico, que sólo recogía un trocito de cartón! Acto seguido, muertas de vergüenza las dos.
Cuando recuperamos el pulso normal, seguimos mirando a la gente que salía de la boca del metro que teníamos frente a nosotras, a ver si aparecían. En esto salieron tres personas, una chica y dos chicos. Nosotras, que ya hemos desarrollado un radar especial para detectar bellezas masculinas y además solemos coincidir, nos miramos, y Andrea dijo: Ojalá fuera a este de azul al que estuviéramos esperando! A lo que Laura aisntió. Bueno, pues de forma indirecta....lo fue. A los 2 minutos llegó el amigo de Andrea, y resultó que el chico de la camisa azul y los otros dos, también venían a cenar con nosotros! Casi nos da algo pensando que tal vez habíamos hablado demasiado alto o se nos había notado la mirada que le echamos. Pero creemos que no fue así.
Una vez reunidos todos, fuimos a cenar a un sitio cuya especialidad era el pato confitado con miel. Lo pedimos todos. RIQUÍSIMO!

viernes, 8 de julio de 2011

Día 7

 Parece mentira que estando tan cerca y en una ciudad tan grande seamos tan diferentes (tan, tan, tan). Por ejemplo, en España si te encuentras con un paso de peatones sin semáforo, uno (con cuidado debido a la ley del más fuerte) se lanza a la carretera con más o menos seguridad (ya pararán). Aquí no. No diremos que tuvimos que jugarnos la vida para averiguarlo debido a que esto seguramente lo estarán leyendo nuestros padres pero... digamos que aquí los coches dominan la calle y uno cruza por el paso de peatones... cuando puede y quizás llevándose algún que otro susto.

Otra cosa que nos ha llamado la atención es que NO VEMOS CASI MCDONALDS! ¿En qué ciudades con un cierto número de habitantes no te encuentras uno al doblar cada esquina? (Es cierto que esto se agradece en cierto modo, pero alguno de vez en cuando no está mal).

Pero bueno, sigamos con lo nuestro: Volvía a no hacer muy buen tiempo y estábamos cansadas así que decidimos ir andando por los Champs Élysées y el arco del triunfo hasta la plaza  de Franklin Roosevelt. Decidimos ir a Abercrombie & Fitch. Olía a Abercrombie desde el otro lado de la plaza. Menudo palacete se tienen montado. Era muy bonito y la cola para entrar era impresionante. Más que una tienda parecía una discoteca (es más, hemos visto discotecas de Madrid con menos gente). La tienda en cuanto al lugar un 10, eso sí los precios increíblemente altos. Nos sorprendió que las cosas fueran más caras en la tienda de París que en la de Nueva York. Aún así nos dimos varias vueltas hasta que lo cerramos (lo dicho, igual que una discoteca). Al irnos preguntamos a uno de los dependientes por qué lugares se salía allí el cual nos ha dado una lista que probaremos éste fin de semana. Ya os contaremos el resultado.
Además de mejorar nuestro francés, también estamos mejorando el inglés. Empieza a ser aburrido que todo el mundo piense que somos americanas o inglesas... 

Día 6

Estos días empieza a refrescar en París así que decidimos aprovecharlos en interiores. Eso sí, nada nos impidió buscar la que pone en la guía que es “la mejor heladería de París” a tomarnos un helado. El mejor helado de melón del mundo! (ya os diremos más sabores) Parecía que saboreabas el melón en un cucurucho fresquito. Se supone que tiene 70 sabores diferentes (aunque cuando fuimos nosotras solo tenía disponibles unos 10). Se encuentra en el número 31 de la rue Sant Louis en l’îlle llamada “Berthillon” por si a alguien le interesa. Nos queda poco tiempo para disfrutar de ella ya que cierra hacia mediados de Julio. 

Nos llegamos hasta el Louvre.

 Aviso a los futuros visitantes del museo: para jóvenes entre 18 y 25 o 26 años que estudian en la unión europea, con el carnet de ISIC es gratuito. Vamos, que nos resultó gratis, y menos mal que fue gratis, porque como dice la guía hay demasiadas cosas y uno se satura desde la segunda sala. Así que buscamos lo que nos interesó (que al final nos tuvimos que recorrer casi todo el museo buscando nuestras salas): La Gioconda, La Venus de Milo, Hermafrodita tumbada, Antigüedades egipcias, Los apartamentos de Napoleón III (Tiene gracia que se llame así. Modestos dónde los hubiera), y la Victoria de Samotracia.
Terminamos cenando una pizza en un restaurante griego (lo sabemos, es raro) enfrente del Louvre dónde el camarero nos aseguró la muerte del cocinero si no quedábamos satisfechas (literal).
A la vuelta pasamos por Notre Dame, la cual estaba iluminada y nos quedamos a disfrutar de diversos espectáculos callejeros a los pies de la catedral. El que más nos gustó fue un espectáculo de Jazz que estaban dando unos chicos jóvenes a los cuáles se les habían unido unas americanas que cantaban muy bien. A las 12 tras ver cómo se acababa, nos acostamos muertas de cansancio.

miércoles, 6 de julio de 2011

5 de Julio del 2011

Otra vez a las 7 de la mañana arriba. Aquí el sol sale mucho antes que en España. Es increíble cómo corres la cortina a las 7 y el sol te deslumbra.

 Cogimos el metro y desayunamos en una confitería cerca de nuestras clases, la cuál fue un robo (nota mental: no volver allí).
Después de otras 4 horas de clase y al volver hacia la residencia, pasamos de nuevo por el supermercado a reponer existencias.

Llegamos, comimos y tardamos 5 minutos en hacer los deberes (no es que seamos muy listas, es que el verbo appeller nos lo sabemos de antes). Dormimos una siesta de 20 minutos y con pocas ganas decidimos salir a ver nuestra isla y la de Notre Dame. En la nuestra descubrimos (bueno, más bien fue la guía) la iglesia de San Louis, que no aparenta nada por fuera y que por dentro está ricamente decorada con dorados y mármoles (un poco hortera para nuestro gusto, pero la descripción está copiada de la guía).

De allí nos fuimos a Notre- Dame. Hicimos la cola y entramos. Sin duda visita obligada a su interior. Es increíblemente bonita. Tuvimos la suerte de poder visitarla mientras una mujer cantaba acompañada del órgano. Nos sentamos a escucharla y por poco nos emocionamos. Tenía una voz increíble y junto al órgano y aquellas paredes era emocionante.

Nos llamó la atención cómo son allí las confesiones. Se trata de una sala de cristal decorada a modo de despacho, con una estantería y una mesa de metal con un flexo encima encendido. A la entrada aparece un cartel presentando al confesor así como los idiomas que éste habla. Cómo si de una gestión de oficina se tratase.



Decidimos no visitar las torres debido a que: primero, había mucha cola para entrar; segundo, no nos lo habían recomendado, ya que al parecer tienes que subir un montón de escalones en forma de caracol empujado por los que vienen detrás, y las vistas que obtienes no merecen tanto la pena (esforzarse pa’ na’ es tontería); y tercero: cerraban a las 6 (casi toooooooooooodo cierra a las 6 en París).

De allí nos fuimos paseando por el río a “Le Pont Neuf” el cuál es el puente más antiguo de los que se conservan en París. Vimos la fuente de Saint Michel y pasamos por Châtelet (el lugar desde dónde empieza el Camino de Santiago). Llegamos hasta el Louvre (cerrado pues eran más de las 6). De vuelta nos compramos un smoothie y volvimos al “Pont Neuf” decididas a coger un barco de éstos que solemos saludar cuándo paseamos por el río.




El paseo en barco fue precioso.




Para variar, estábamos  agotadas, así que volvimos a la residencia, cenamos, y al sobre.

4 de Julio del 2011

Primer día de clase. El día anterior nos habíamos recorrido París para situarnos en lo que sería nuestro centro de estudios este mes. Estaba bastante lejos y las clases empezaban a las 9. Dudamos de nuestra habilidad para saber movernos por la ciudad y nos fuimos de la residencia con una hora de antelación. Al final nos sobró media hora (¡Bien por nosotras!). Hicimos las cuentas y nos salía mejor un bono mensual para el metro el cual nos pareció bastante complicado de sacar... suerte que tras insistir e insistir a la chica de información, acabó ayudándonos.  Le costó a la muchacha ser amable... con lo bien que iban las estadísticas en cuanto a la amabilidad francesa... primera cardo que nos encontramos. Pero bueno, al final creemos que incluso le hizo gracia la situación...

A la entrada había una cola enooormee. Nos pusieron en clases en pisos diferentes, una en el 4º y otra en el 5º (en Francia no deben existir los ascensores. Ya sabemos por qué las francesas están tan delgadas). Llegamos tarde gracias a la escasa habilidad que demostró el cocinero (sí, sí, el cocinero, pluriempleado al parecer) vendiendo libros de texto. El pobre iba más lento que el caballo del malo.
Ambas teníamos compañeros de todas partes del mundo: Cuba, Bangladesh, La india, Guatemala, Argentina, Rusia, Thailandia, Holanda, China, Portugal, Bulgaria, Brasil, Venezuela, Mexico, EE.UU, Inglaterra y Alemania. 
A la salida decidimos comer allí y volver a la residencia.
Fuimos a por un helado al lado de Notre Dame. Lo cogimos de chocolate negro después de que la señora de delante, al vernos indecisas, nos lo recomendara, junto con el de cocktail de frutas y de grosellas (como veis, innovar, innovar no es que innováramos. Estaba riquísimo, pero te dejaba los dientes de un tono poco favorecedor. Aquí los helados tienen pinta de ser más “polos” que cremosos, por eso nos decidimos por el de chocolate, que era el que menos agua parecía tener.

 Fuimos paseando por el río hasta la Torre Eiffel (un buen paseo, pero muy agradable).Siempre nos gusta seguir el rio, así no nos perdemos (que bueno, llevamos mapa, peeeero, seguir el río es más cómodo jeje)y siempre te encuentras con vistas preciosas, en esta ciudad de casas de muñecas. (Oh!)
 Desde que aquel barco nos saludó la primera noche nos paramos a saludar a todos los que van pasando. Es muy divertido ver a la gente cuando te saluda (y cortante cuando no).

Nos íbamos guiando por el pico de la torre para ver hacia dónde teníamos que girar y cuánto tiempo debía faltarnos.

¡Qué preciosidad! Y pensar que querían  quitarla después de la Exposición Universal para la que fue construida porque no gustaba a nadie (se nota que nos vamos leyendo la guía eh?)... Nuestra idea era subir pero se nos quitaron las ganas en cuanto vimos las enooooooormes colas que rodeaban las cuatro bases y el centro de la torre. Hemos visto que las entradas se pueden conseguir por internet y no tienes que hacer cola (al menos no tanta) así que eso será lo que hagamos.

Ya que no íbamos a subir ese día, decidimos tirarnos en “Les Champs du Mars” a verla. Allí estábamos las dos, en la hierba disfrutando de las vistas mientras no paraban de venir vendedores ambulantes vendiendo champán y cerveza. En eso, una chica en un inglés “raro” nos pidió que le hiciéramos una foto. Cuando Laura le preguntó si la quería desde abajo a la chica se le escapó un “si”. Total, que nos pusimos a hablar con ella. Era de Barcelona y había venido a estudiar francés.  Otra que pensaba que éramos americanas, o inglesas o algo así. Vamos, que tenemos una pinta de ser angloparlantes... El rubio de Laura, que confunde al personal... Allí estábamos las tres mirando a la Torre Eiffel hablando de Paris, de Barcelona, de Madrid... hablando con los vendedores sobre fútbol... Aprovechamos la ocasión para decir que desde la pasarela permanente que es París, hemos observado que se lleva el modelo militar con complemento de metralleta. Es la última moda, de verdad.


Al llegar a nuestra parada echamos de menos no tener a mano el número de Mathieu. ¿En qué suburbio estábamos? Fue momentáneo, hasta que salimos a la calle principal. Uf, menos mal!

Llegamos a Moufetard. Otra vez a buscar un sitio en el que cenar. Nos pusimos a andar calle arriba cruzándonos con muchísima gente joven. Ahí redefinimos el concepto de “París, la ciudad del amor” Amor para encontrarlo aquí, no para venir con él, porque madre mía: a cada paso que dábamos, un francés más guapo que el anterior.
Al final nos decidimos por un crepería y nos sentamos al lado de la ventana. Un sitio muy agradable llamado “Dumas”. Fue muy divertido cenar al lado de la ventana, viendo a la gente pasar.
De camino a casa nos detuvimos en uno de los puentes que une nuestra isla (Le Pont Marie) a contemplar las vistas. ¡Qué preciosidad! Desde el puente se veía a la derecha Notre Dame iluminada y a la izquierda la Torre Eiffel iluminada también con una luna creciente enorme a su lado. Una vista de esas que nunca se olvidan.

Llegamos a la residencia muertas de cansancio después de un día tan largo.

domingo, 3 de julio de 2011

3 Julio 2011

Dada la hora a la que nos habíamos levantado y los horarios franceses de comida, optamos por ir a buscar algún sitio que ofreciera un Bruch. En la guía vimos uno que tenía buena pinta y que al parecer no podía quedar muy lejos de la residencia. Efectivamente, ahí estaba, cruzando el puente a la izquierda, dos pasos había que dar, nada más, pero no, maldita ley de Murphi y razonamiento de Laura. Tiramos para la derecha, a la búsqueda del número 5, donde estaba el sitio en cuestión. “Por aquí está el número 11, a ver cual es el siguiente...ah, mira, el 13” Entonces será para el otro lado! Dijo Andrea. Y Laura: “no no, pero Notre Dame está para el otro lado, y en la guía pone que se ve desde el local” Pues por ese camino seguimos hasta que acabamos la calle, allá por el número 49...Meeeeeeedia vuelta, otra vez a pasar por delante de la gente que estaba en las terrazas y que ya nos había visto pasar. Llegamos, peeeeero, cerradico a cal y canto! Y nosotras sin desayunar... bueno, una nectarina y una galleta en la habitación.

Visto lo visto, decidimos volver a la calle en la que habíamos cenado la noche anterior, no en busca de Mathiue, no no, sino de un sitio que Laura recordaba que anunciaba brunch. Llegamos, vemos el toldo con unas letras tamaño gigante que dice: BRUNCH. Ilusas nosotras que supusimos que allí habría lo que se anunciaba....Vuelta a buscar!

Pues nada, acabamos con un crepe de Nutella, sentadas en el bordillo de una calle peatonal, viendo pasar a gente de todo tipo y a niños que querrian ser nosotras para degustar semejante crepe que éramos incapaces de acabarnos...Un niño muy salado pasó delante nuestro una vez, y al cabo de un rato volvió a pasar en sentido contrario, y al ver que nuestro crepe no había decrecido desde la vez anterior, empezó a mirarnos, continuando su camino por delante de nosotras, despacito despacito, y chuperreteándose los labios de un lado a otro de la boca, y después simulando un mordiscazo al dulce en el aire. Para él debió ser uno de esos momentos en los que uno piensa: madre mia que injusto es este mundo, Dios da pan a quien no tiene dientes...dame a mi ese crepe y verás como desaparece...


Cuando nos levantamos, fuimos en busca de la Alianza Francesa, para ver dónde estaba. Anduvimos un montón, pero la verdad es que por unas calles muy amplias, sin apenas gente, y con una temperatura muy buena. Aprovechamos para hacer un inciso y recomendar a futuras viajeras que no traigan faldas fácilmente levantables por el viento...es muy incómodo ir cogiéndola todo el rato!

Bueno, seguimos. En nuestro camino, en una de estas, por la carretera iba un coche de estos tipo safari, mini todo terreno con la cubierta de atrás de plástico, de unos militares, con el mismo uniforme que el de la metralleta del aeropuerto del día anterior. La acera era muy ancha, y nosotras no íbamos al lado de la carretera, pero ellos empezaron a ir con el coche, tan lento como íbamos nosotras. Nos miraban, sonreían, nos volvían a mirar...y nosotras como dos suecas, jaja jjiji con el máximo disimulo que pudimos pero ni caso. Al poco retomaron la velocidad normal y nos dijeron adiós sacando las manos por las ventanillas. Qué risa.

Cuando ya teníamos ubicada la Alianza Francesa, decidimos ir a comer algo mientras nos acercábamos de nuevo a la residencia.




Nos metimos a un restaurante muy chulo, con vistas a la que después supimos que era la iglesia más antigua de París. Nos sentamos y miramos la carta. Mmmmm, ensaladita fresquita... para bajar el crepe! Pedimos, y cuando nos lo trajeron empezamos a comer con tranquilidad.  Estábamos las dos sentadas en un sofá, la una al lado de la otra mirando hacia la calle. Un sitio muy agradable y bonito. 


De pronto a Laura le entró la neura de que uno de los camareros nos miraba raro. No de que le hubiéramos gustado, no no, raro.

¿Estaríamos haciendo algo mal? ¿No seríamos lo suficientemente chics como para estar allí? Eso no podía ser, porque había un par de guiris de estos cuya foto acompañarían a la definición de la palabra en un diccionario, y ahí estaban!

Al poco, el camarero volvió a mirar, y nosotras le miramos también. Andrea padecía de sordera durante la comida, y no entendía nada, fuera el idioma que fuera: inglés, español, francés... nada. Pero Laura entendió que dijo: “Where are you from?” Debemos parecer inglesas o americanas, porque otro camarero también nos preguntó si todo estaba bien en inglés. Laura contestó: Spain. Él se rió y en “español” preguntó que de que parte. Eso fue casi lo único que entendió Andrea en lo que duró la comida, y contestó que de Valladolid y Madrid. A lo que él respondió señalándose:  Galicia.
Se nos acercó y nos dijo que su padre era de allí, pero que le había traído a París de muy pequeño y que había perdido el acento.  El acento y lo la mitad de idioma, pero bueno. De pronto, nuestro camarero, se le acercó y en francés y con un cierto volumen, pero notándose que era de coña, le dijo que se marchara a atender la terraza, que al parecer era su zona, y el gallego, también de risas nos dijo: “es que no quiere que hable con vosotras. Cabrón!” Y se fue.
Seguimos comiendo, y al poco, el matrimonio (suponemos) de la mesa de al lado nos dice: Ustedes son mucho más lindas que las francesas. Reaccionamos, dimos las gracias y nos pusimos a hablar con ellos. Eran mejicanos, entre los 50 y los 60, y médicos. Habían viajado por un montón de sitios, y nos informaron sobre diversos países, incluido el nuestro. Vergüenza nos dio... Más majos....fueron ellos los que nos informaron de la antigüedad de la iglesia que teníamos al lado. La mujer ya había observado nuestras conversaciones con los camareros, y se había estado sonriendo.
Bueno, acabamos de comer y vino nuestro camarero, que no era el gallego, a retirar los platos y ver si queríamos postre. Le dijimos que no, merci, tras lo cual Andrea volvió al estado de sordera que la llevaba acompañando intermitentemente durante ese tiempo y no fue capaz de entender ni una sola de las palabras que el camarero la decía, y que según Laura fueron: “¿Dos copas de champán? ¿Una para ti y otra para mi?” Andrea se limitó a sonreir (bendito grupo de facebook de “no tengo ni idea de lo que acabas de decir, así que sonreiré y rezaré para que no haya sido una pregunta”) En este caso sí que era una pregunta, pero la sonrisa debió ser fácilmente interpretable. Él sonrió también y se llevó los platos. Volvió y nos dibujó en un posavasos una carita y puso: “Souvenir de Paris. Gregory”


Después volvieron a aparecer los dos, y el gallego preguntó nuestros nombres. Él se llamaba Manolo. A su compañero no le entendimos ninguna de las dos, pero como nos había firmado el posavasos deducimos que se llama Gregory. Fue entonces cuando Manolo le echó valor y le dijo a Laura algo así como que si volvía esa noche, la invitaba a un “vaso” y la enseñaba Paris. Ella sonrió.  A la salida nos despedimos de ellos, y lo volvió a repetir.  Au revoir Au revoir y Laura dijo que no. Sinceridad ante todo, pero con una sonrisa.

Visitamos la iglesia, si que es vieja, si, pero bonita. Disfrutamos del final finalísimo de un concierto que estaban dando dentro, y vimos lo caro que resulta en Francia pedir deseos.

Decidimos ir a ver Notre Dame, paseando por la orilla del Sena, con vientos racheados de olores asquerosos y diversos (No todo París es Eau de Chanel) en busca del barquito desde el que nos habían saludado la noche anterior. No lo encontramos, pero no desistiremos.

Ya llegando a Notre Dame, Andrea metió la gamba al darle un codazo a Laura pensando que dos chicos estaban intentando preguntarnos algo. Laura, la pobre, se giró hacia el chico y le dijo: Oui? Él chico, perplejo, miró a su amigo y le  dijo: españoles. Y acto seguido, cortado: “Sorry, I wasn’t talking to you”                                           Muertas de la risa nos quedamos.

Nos centramos ya en Notre Dame y después de una sesión fotográfica, nos fijamos en el enorme cola que había para entrar. Rápida tanto a la hora de avanzar como a la hora de renovarse de gente. Estábamos cansadas, y no nos apetecía mucho entrar en ese momento, pero volveremos, claro que sí.



 Nos quedamos mirando las vistas y cómo la gente daba de comer a los pájaros.