viernes, 15 de julio de 2011

12 de Julio

La mañana fue como todas, en clase.
Por la tarde decidimos ir al museo de Orsay, después de haber planeado ir a ver Montmartre, pero como amenazaba lluvia... cambiamos el plan. Mal hecho. Qué calor. Un día desperdiciado para llevar pantalón corto. Una pena. Dormimos poca siesta, y a las 4 ya estábamos en la calle, rumbo al museo, que en la guía y un folleto cogido en la oficina de turismo pone que cierra a las 6. Mira que en muchos avisan que media hora antes, se cierran las taquillas, pero aquí no ponía nada. Llegamos a las 5. Buf, de sobra! Con la puerta en las narices...pero literal, eh? Que volviéramos al día siguiente.
Ya se nos acumulaban dos decepciones: tarde de sol desperdiciada para enmorecernos y museo cerrado después de una hora andando. De verdad, cómo se puede cerrar un museo a las 5? A LAS 5!!
No acabaron ahí nuestras desdichas. A Andrea se le antojó una crepe mientras estábamos pensando qué hacer. Se decide, va a por él, y....en un abrir y cerrar de ojos, puesto cerrado! *¿Cómo era posible? Hacía un minuto ahí estaban despachando! Claro, en algún momento tendrían que cerrar, pero no a las 17.15! Por favor! Suma y sigue!
Pues aún hay otra! Después de mucho pensar, decidimos ir a los jardines de Luxemburgo, en metro, porque ya estábamos cansadas y un poco choof... Aquí el metro no se caracteriza por tener muy buenas conexiones ni varias alternativas para ir de un punto a otro. De hecho parece que está hecho a mala leche para tener que dar una vuelta a París para llegar a tu destino. Bueno, pues anduvimos hasta la boca de metro y...Obreros en la entrada arreglándola! Imposible pasar. Pues nada, a pata hasta los jardincillos. Teníamos ya los ánimos que nos apetecía más bien nada ver un parque. Bueno, ni hacer nada en realidad.
Pero bueno, la tarde se arregló al ver lo bonito que resultó ser nuestro destino. Qué de flores! Qué de colores! Qué zonas más tranquilas! Así que atravesamos el parque con la correspondiente sesión fotográfica.

Terminamos la tarde en una crepería, cenando, y volviendo prontito a casa, andando también, cantando Café Quijano por la calle. Un hombre con el que nos cruzamos, se puso a canturrear con nosotras. Obviamente no cantaba lo que mismo, pero quiso acompañarnos.

1 comentario:

  1. Me encanta. Asi se hace. La jornada en Paris se acaba cantando. Es lo q se merece aunq surjan contratiempos...¡¡¡Paguíiii!!! c'est formidable!

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