miércoles, 6 de julio de 2011

4 de Julio del 2011

Primer día de clase. El día anterior nos habíamos recorrido París para situarnos en lo que sería nuestro centro de estudios este mes. Estaba bastante lejos y las clases empezaban a las 9. Dudamos de nuestra habilidad para saber movernos por la ciudad y nos fuimos de la residencia con una hora de antelación. Al final nos sobró media hora (¡Bien por nosotras!). Hicimos las cuentas y nos salía mejor un bono mensual para el metro el cual nos pareció bastante complicado de sacar... suerte que tras insistir e insistir a la chica de información, acabó ayudándonos.  Le costó a la muchacha ser amable... con lo bien que iban las estadísticas en cuanto a la amabilidad francesa... primera cardo que nos encontramos. Pero bueno, al final creemos que incluso le hizo gracia la situación...

A la entrada había una cola enooormee. Nos pusieron en clases en pisos diferentes, una en el 4º y otra en el 5º (en Francia no deben existir los ascensores. Ya sabemos por qué las francesas están tan delgadas). Llegamos tarde gracias a la escasa habilidad que demostró el cocinero (sí, sí, el cocinero, pluriempleado al parecer) vendiendo libros de texto. El pobre iba más lento que el caballo del malo.
Ambas teníamos compañeros de todas partes del mundo: Cuba, Bangladesh, La india, Guatemala, Argentina, Rusia, Thailandia, Holanda, China, Portugal, Bulgaria, Brasil, Venezuela, Mexico, EE.UU, Inglaterra y Alemania. 
A la salida decidimos comer allí y volver a la residencia.
Fuimos a por un helado al lado de Notre Dame. Lo cogimos de chocolate negro después de que la señora de delante, al vernos indecisas, nos lo recomendara, junto con el de cocktail de frutas y de grosellas (como veis, innovar, innovar no es que innováramos. Estaba riquísimo, pero te dejaba los dientes de un tono poco favorecedor. Aquí los helados tienen pinta de ser más “polos” que cremosos, por eso nos decidimos por el de chocolate, que era el que menos agua parecía tener.

 Fuimos paseando por el río hasta la Torre Eiffel (un buen paseo, pero muy agradable).Siempre nos gusta seguir el rio, así no nos perdemos (que bueno, llevamos mapa, peeeero, seguir el río es más cómodo jeje)y siempre te encuentras con vistas preciosas, en esta ciudad de casas de muñecas. (Oh!)
 Desde que aquel barco nos saludó la primera noche nos paramos a saludar a todos los que van pasando. Es muy divertido ver a la gente cuando te saluda (y cortante cuando no).

Nos íbamos guiando por el pico de la torre para ver hacia dónde teníamos que girar y cuánto tiempo debía faltarnos.

¡Qué preciosidad! Y pensar que querían  quitarla después de la Exposición Universal para la que fue construida porque no gustaba a nadie (se nota que nos vamos leyendo la guía eh?)... Nuestra idea era subir pero se nos quitaron las ganas en cuanto vimos las enooooooormes colas que rodeaban las cuatro bases y el centro de la torre. Hemos visto que las entradas se pueden conseguir por internet y no tienes que hacer cola (al menos no tanta) así que eso será lo que hagamos.

Ya que no íbamos a subir ese día, decidimos tirarnos en “Les Champs du Mars” a verla. Allí estábamos las dos, en la hierba disfrutando de las vistas mientras no paraban de venir vendedores ambulantes vendiendo champán y cerveza. En eso, una chica en un inglés “raro” nos pidió que le hiciéramos una foto. Cuando Laura le preguntó si la quería desde abajo a la chica se le escapó un “si”. Total, que nos pusimos a hablar con ella. Era de Barcelona y había venido a estudiar francés.  Otra que pensaba que éramos americanas, o inglesas o algo así. Vamos, que tenemos una pinta de ser angloparlantes... El rubio de Laura, que confunde al personal... Allí estábamos las tres mirando a la Torre Eiffel hablando de Paris, de Barcelona, de Madrid... hablando con los vendedores sobre fútbol... Aprovechamos la ocasión para decir que desde la pasarela permanente que es París, hemos observado que se lleva el modelo militar con complemento de metralleta. Es la última moda, de verdad.


Al llegar a nuestra parada echamos de menos no tener a mano el número de Mathieu. ¿En qué suburbio estábamos? Fue momentáneo, hasta que salimos a la calle principal. Uf, menos mal!

Llegamos a Moufetard. Otra vez a buscar un sitio en el que cenar. Nos pusimos a andar calle arriba cruzándonos con muchísima gente joven. Ahí redefinimos el concepto de “París, la ciudad del amor” Amor para encontrarlo aquí, no para venir con él, porque madre mía: a cada paso que dábamos, un francés más guapo que el anterior.
Al final nos decidimos por un crepería y nos sentamos al lado de la ventana. Un sitio muy agradable llamado “Dumas”. Fue muy divertido cenar al lado de la ventana, viendo a la gente pasar.
De camino a casa nos detuvimos en uno de los puentes que une nuestra isla (Le Pont Marie) a contemplar las vistas. ¡Qué preciosidad! Desde el puente se veía a la derecha Notre Dame iluminada y a la izquierda la Torre Eiffel iluminada también con una luna creciente enorme a su lado. Una vista de esas que nunca se olvidan.

Llegamos a la residencia muertas de cansancio después de un día tan largo.

2 comentarios:

  1. ya me gustaria a mi cansarme asi ;)

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  2. jajajaja ¿hablando de futbol???. Pues seguro q por tu parte, el tema dio para mucho :p

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