Otra vez a las 7 de la mañana arriba. Aquí el sol sale mucho antes que en España. Es increíble cómo corres la cortina a las 7 y el sol te deslumbra.
Cogimos el metro y desayunamos en una confitería cerca de nuestras clases, la cuál fue un robo (nota mental: no volver allí).
Después de otras 4 horas de clase y al volver hacia la residencia, pasamos de nuevo por el supermercado a reponer existencias.
Llegamos, comimos y tardamos 5 minutos en hacer los deberes (no es que seamos muy listas, es que el verbo appeller nos lo sabemos de antes). Dormimos una siesta de 20 minutos y con pocas ganas decidimos salir a ver nuestra isla y la de Notre Dame. En la nuestra descubrimos (bueno, más bien fue la guía) la iglesia de San Louis, que no aparenta nada por fuera y que por dentro está ricamente decorada con dorados y mármoles (un poco hortera para nuestro gusto, pero la descripción está copiada de la guía).
De allí nos fuimos a Notre- Dame. Hicimos la cola y entramos. Sin duda visita obligada a su interior. Es increíblemente bonita. Tuvimos la suerte de poder visitarla mientras una mujer cantaba acompañada del órgano. Nos sentamos a escucharla y por poco nos emocionamos. Tenía una voz increíble y junto al órgano y aquellas paredes era emocionante.
Nos llamó la atención cómo son allí las confesiones. Se trata de una sala de cristal decorada a modo de despacho, con una estantería y una mesa de metal con un flexo encima encendido. A la entrada aparece un cartel presentando al confesor así como los idiomas que éste habla. Cómo si de una gestión de oficina se tratase.
Decidimos no visitar las torres debido a que: primero, había mucha cola para entrar; segundo, no nos lo habían recomendado, ya que al parecer tienes que subir un montón de escalones en forma de caracol empujado por los que vienen detrás, y las vistas que obtienes no merecen tanto la pena (esforzarse pa’ na’ es tontería); y tercero: cerraban a las 6 (casi toooooooooooodo cierra a las 6 en París).
De allí nos fuimos paseando por el río a “Le Pont Neuf” el cuál es el puente más antiguo de los que se conservan en París. Vimos la fuente de Saint Michel y pasamos por Châtelet (el lugar desde dónde empieza el Camino de Santiago). Llegamos hasta el Louvre (cerrado pues eran más de las 6). De vuelta nos compramos un smoothie y volvimos al “Pont Neuf” decididas a coger un barco de éstos que solemos saludar cuándo paseamos por el río.
El paseo en barco fue precioso.
Para variar, estábamos agotadas, así que volvimos a la residencia, cenamos, y al sobre.
Bien,muy bien rematado (tu me entiendes) ;o)
ResponderEliminar